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Limitaciones teórico-metodológicas acerca de los modelos cognoscitivos
Psicología y SIDA - Algunas Consideraciones Teórico-Metodológicas
Indice del artículo
Limitaciones teórico-metodológicas acerca de los modelos cognoscitivos
Se fundamenta en una concepción dualista
Retoma el paradigma del reflejo
Considera la misma complejidad de los procesos
Falta de delimitación de su objeto de estudio
Relación Ciencia-Tecnología
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Consideraciones teórico-metodológicas entorno a los modelos cognoscitivos

 

Para poder entender de una mejor manera las limitaciones que acechan a la teoría cognoscitiva, haremos una muy breve revisión histórica sobre el origen, desarrollo y objeto de estudio de la teoría cognoscitiva.

Históricamente la teoría cognoscitiva surge como una alternativa para superar, el binomio E-R (propuesto por el conductismo para el análisis del comportamiento), y propone la existencia de procesos mediadores entre estos dos eventos. Dicha alternativa fue creada, en principio, por aquellos que consideraban que la conducta no sólo debía explicarse por estímulos y respuestas, sino que además tendrían que tomarse en cuenta otros factores, que suponían la teoría conductista dejaba de lado; tales como las emociones, la imaginación o los sentimientos. Fue así, que se propuso la existencia de eventos mediacionales entre el estímulo y la respuesta, siendo dichos eventos, (también conocidos como eventos mentales), el objeto de estudio de la psicología cognoscitiva, los cuales tienen como principal característica que se dan en el interior del organismo, son inobservables y carecen de localización espacial. (Mercado, 2003; Rodríguez, Díaz-González y Zarzosa, 2003).

La teoría cognoscitiva se propone como un paradigma que pretende explicar la organización funcional de la “mente”, de tal forma que esta postura, no considera a la conducta como su objeto de estudio, sino los procesos que “controlan” la conducta (atención, memoria, imaginación, pensamiento, percepción, etc.), ya que según los cognoscitivistas, existen una serie de procesos mediante los cuales la información sensorial (representación “interna” sobre el mundo) que "ingresa" al organismo se procesa, transforma y recupera en el sistema nervioso, el cual metafóricamente funge como un complejo sistema de cómputo. Es decir, el organismo responde a la información que ingresa al sistema nervioso por medio de las representaciones internas que hacen las personas de lo externo (desde objetos físicos hasta los conceptos abstractos), considerando lo psicológico como algo dentro del organismo (Mercado, 2003; Rodríguez et al., 2003; Tomasini, 2001).

En nuestros días, existen por lo menos tres posturas bajo el enfoque cognitivo y todas convergen en que la conducta puede ser explicada por la actividad del procesamiento de información y de la estructuración de representaciones (Rodríguez et al., 2003) y aunque dicha hipótesis ha tenido en los últimos años gran acogida por estudiosos de la conducta, nosotros estamos convencidos de que ésta padece de algunas limitaciones teórico-metodológicas; dentro de las cuales podemos mencionar:


 

  • Se fundamenta en una concepción dualista

Se fundamenta en el paradigma cartesiano mente-cuerpo, el cual supone la existencia de un mundo interior del organismo y un mundo exterior a éste, cada uno de estos mundos, con propiedades diferentes; el mundo interior o privado es inobservable y con temporalidad pero sin ubicación espacial; mientras que el mundo externo es público, observable y se da en un tiempo y espacio determinado. Estos dos mundos, según Descartes, están formados por sustancias diferentes que constituyen al individuo; el cuerpo y el alma (o mente). El cuerpo sometido a las leyes de la mecánica y la mente a las leyes de la metafísica (Ryle, 1967) y aunque estas dos dimensiones (cuerpo-mente) poseen distintas características, Descartes argumentaba que el alma o mente era una sustancia pensante, que tenía cierta influencia sobre el cuerpo y viceversa, existiendo una mutua afectación entre el cuerpo y la mente; dicha interacción era la responsable de regular o determinar las acciones de los seres humanos, es así, como la teoría cognoscitiva justifica su objeto de estudio, atribuyéndole a los procesos mentales el mayor peso explicativo en el análisis del comportamiento humano (DíazGonzález y Rodríguez, 2003; Ribes 1990a, 1990b, 2001; Ribes y López, 1985; Rodríguez, 2002).

El concebir la existencia de eventos internos versus eventos externos, ha dado como resultado la creación de seudoproblemas psicológicos confundiendo el objeto de estudio de la psicología, ya que con la idea de que existe un mundo paralelo al mundo material y con el uso de la metáfora, se han creado una serie de conceptos que intentan describir el comportamiento humano con base en procesos que tienen lugar “dentro” del cuerpo, dichos procesos comparables con los de una computadora, son utilizados como eventos mediadores entre un estímulo -ya sea interno o externo al organismo- y su respuesta.

Metodológicamente hablando, la adopción de este paradigma, limita a la teoría cognoscitiva y hace que ésta caiga en algunos errores tales como el creer que existe un mundo interno e inaccesible, el cual sólo puede ser descrito por el propio individuo y no puede ser referido por nadie más, cayendo en las limitaciones inherentes de la introspección.

Derivado de lo anterior, se da la confusión propia del “cosificar el lenguaje”, ya que en el afán de estudiar la conducta, se han propuesto categorías que son consideradas como unívocas y con referentes empíricos. Este problema ha sido descrito de manera extensa por Ryle (1967) bajo el nombre de “error categorial”, siendo este “error categorial” el que hace que categorías como la “mente”, “la memoria” o “la imaginación”, sean cosificadas bajo el supuesto de que dichas categorías designan cosas, ya sea “dentro” del organismo o fuera de éste, razón por la cual suele creerse que categorías tales como la “memoria” tienen una ubicación espacial, es decir, una localización fisiológica dentro del cerebro o la “mente”, la cual funge como “almacén” de los recuerdos (véase Corral, 2003).

Dicho error categorial proviene, en primer lugar, de creer que las palabras tienen un solo significado, lo cual sabemos es falso ya que todas las palabras tienen distintos referentes, los cuales se asignan según el contexto, razón por la cual y contrario a la lógica cognoscitiva, el leguaje es multívoco; lo anterior hizo que las categorías propuestas por la teoría cognoscitiva, sean categorías con referentes ambiguos, que la llevan a acercarse cada vez más a la postura del solipsismo.

Incluso estamos en condiciones de decir, que el mismo término “cognición” -como se verá más adelante- no posee un significado específico, ya que mientras para unos las cogniciones son las creencias, para otros son los pensamientos, para otros tantos los procesos de aprendizaje o la memoria, según lo que cada quien entienda por el término “cognición”.

En segundo lugar y debido que el ser humano tiene la capacidad de abstraer por medio del lenguaje, éste puede crear categorías del orden de lo abstracto, sin embargo y pese a lo anterior, la teoría cognoscitiva postula que todas sus categorías tiene un referente empírico, cuando en realidad su referente es abstracto, por ejemplo, si hablamos sobre la relación que una persona tiene con su novia, fácilmente identificaremos (de manera visual) a la persona y a la novia, sin embargo, la relación no se refiere a algo concreto sino a un tipo de interacción que se da entre esas dos personas. Identificamos entonces dos niveles distintos de referir, uno en un nivel empírico y otro en un nivel abstracto (Ribes, 1990b; Ryle, 1967).

Ahora bien, si la mente pertenece a un nivel lógico y el cuerpo a otro, entonces ¿cómo algo (como la “mente”) que no tiene lugar en el espacio puede estar dentro de algo o contener algo dentro de ella?, o bien ¿Cómo es que, bajo la leyes de la mecánica propuesta por Descartes, un referente empírico, puede alterar o interactuar con un referente abstracto?; a este respecto podemos mencionar que la explicación acerca de cómo se da la interacción mente-cuerpo, o bien cómo estas dos entidades son afectadas entre sí, ha representado para quienes apoyan esta postura teórica una ardua labor e incluso el propio Descartes se vio en serias dificultades para poder explicar dicha afectación (Ryle, 1967).


 

  • Retoma el paradigma del reflejo

Los elementos para el análisis de la conducta, que actualmente rigen la teoría cognoscitiva, se fundamentan en el paradigma del reflejo (derivado de la mecánica cartesiana), el cual propone una relación mecánica entre un impulso o fuerza externa y el movimiento del cuerpo (Ribes, 1990a). Dicho paradigma fue retomado por la teoría cognoscitiva al adoptar el paradigma E-R propuesto por la teoría conductista (el cual estaba sustentando en la fisiología del reflejo), al proponer que entre un estímulo y su respuesta existían eventos mediacionales que afectan el comportamiento (Rodríguez et al., 2003).

A nivel teórico la adopción de este paradigma, distorsionó el objeto de estudio de la psicología, ya que el paradigma del reflejo no fue diseñado para el estudio de la conducta, dicho paradigma fue transferido a la psicología desde la biología; lo que implicaba que la psicología trabajara con supuestos conceptuales distintos a su propio objeto de estudio (Ribes 1990a; Ribes y López, 1985).

Las principales limitaciones metodológicas que se dan como consecuencia de la adopción de este paradigma son, a saber, cuatro:

A) la segmentación del evento conductual, es decir:

  • Hace de la psicología cognoscitiva una psicología causalista, por un lado consideran que existe una causa predeterminada responsable de que las personas actúen de cierta manera, postulando a priori la causa del comportamiento. Por otro lado, reduce el estudio de la conducta a un estímulo y una respuesta, bajo la relación causa-efecto considerando a la conducta como diacrónica, es decir lineal y unidireccional, donde un suceso antecede al otro. Lo anterior se pudo ver en los modelos previamente descritos, los cuales dan por sentado que existen en todos los individuos determinantes cognitivos previos a la conducta, los cuales son la causa directa de la emisión de tal o cual comportamiento, siendo además unidireccionales y condicionales, es decir, tiene que darse primero un evento para que después se cumpla el otro (Ribes 1990a; y Rodríguez, 2002).
  • Hace que el objeto de estudio de la psicología se reduzca a respuestas puntuales (atómicas) dentro de un continuo, haciendo énfasis en situaciones en donde solo puede ocurrir una respuesta a la vez, o bien siendo sólo un tipo de variable la causante de tal o cual conducta, reduciendo una interacción compleja a solo episodios de conducta. Este hecho considera que cualquier evento que no demuestre su existencia directa en la relación Estímulo-Respuesta queda eliminado, fungiendo como un modelo reduccionista. Lo anterior trae como consecuencia que se dejen fuera factores de índole disposicional, es decir, que facilitan o interfieren en la emisión de un comportamiento específico, tales como la historia del individuo, sus capacidades, etcétera (DíazGonzález, 1996; Ribes y López, 1985).

Si bien, los modelos aquí descritos intentan explicar el comportamiento en términos de factores cognitivos, la aceptación de éstos implica que es la percepción individual la que determina el comportamiento, dejando de lado la importancia que tiene el ambiente sobre el mismo. Esta característica se presenta en los cuatro modelos revisados y aunque el modelo de Autoeficacia y el modelo de Acción Razonada intentan incorporar factores tales como el contexto, éstos no lo consideran como una variable de peso en la descripción de los modelos (Fernández-Abascal 2003; Ribes, 1990a; Ribes y López, 1985; Rodríguez, 2002; Soto et al., 1997).

B) refuerza la creación de seudoproblemas, los cuales son considerados de esta manera ya que surgen como categorías nuevas que intentan explicar el comportamiento pero a partir de un problema mal planteado, es decir, los modelos cognoscitivos parten, en principio de que existe un mundo externo y un mundo interno y es con dicho fundamento que proponen nuevas categorías que expliquen el comportamiento “interno” y “externo” cuando de antemano sabemos que el paradigma cartesiano representa en el estudio de la conducta un gran “error categorial” (véase Ryle 1967). Es así que se crean nuevas categorías que representan seudoproblemas puesto que su mismo fundamento padece de problemas (Ribes 1990a; Ribes y López, 1985).

C) restringe la situación al aquí y ahora, lo que implica que el responder del individuo se da en términos de la situación, eliminando la posibilidad de que la historia del individuo influya en su manera de responder e incluso de que el individuo pueda desligarse funcionalmente del aquí y ahora, función que se da gracias al lenguaje y que caracteriza al ser humano (Díaz-González, 1996; Ribes, 1990b; Ribes y López 1985).

D) La psicología cognoscitiva, al adoptar el paradigma del reflejo para el estudio de la conducta, hereda sus limitaciones, lo que la llevó entre otras cosas, a convertirse en una psicología organocéntrica al postular al reflejo como una unidad descriptiva del comportamiento, centrando su objeto de estudio en las reacciones del organismo y marginó la influencia de los eventos ambientales. Cabe mencionar que bajo este paradigma se considera que todo lo que el organismo hace es conducta, lo cual trae como consecuencia el confundir el concepto de conducta con el de reactividad biológica (DíazGonzález, 1996; Ribes, 1990b; Ribes y López, 1985).

Por otro lado, es bueno señalar que la mayoría de las escuelas cognoscitivas, sino es que todas, se fundamentan en proposiciones constructivistas las cuales postulan que cada individuo construye su propia realidad y centran su objeto de estudio -cualquiera que este sea- en lo que el organismo hace, desacreditando la importancia que puede tener el medio ambiente sobre el mismo (Rodríguez, et al., 2003).


 

  • Considera la misma complejidad de los procesos

Teóricamente, desde la postura cognoscitivista, existe sólo un pequeño número de procesos que intentan describir el comportamiento, es decir, se considera que todo tipo de comportamiento puede ser explicado ya sea por procesos de percepción o de aprendizaje. Lo anterior implica que el modo de actuar del individuo esta gobernado por las representaciones internas que hacen las personas sobre el “exterior” y la forma de procesar dicha información (Mercado, 2003).

Esto significa que el comportamiento está regulado o por un solo proceso (percepción), por diferentes tipos de procesos que se reducen a un solo proceso básico (procesamiento de información) o por la suma de diferentes procesos que interactúan en un mismo nivel. Lo anterior trae como consecuencia, por un lado,  que no se reconozcan diferentes niveles cualitativos de interacción; y por otro lado, llevó a creer que todos los procesos (memoria, imaginación, pensamiento=cognición, etc.) tienen el mismo nivel de complejidad, con lo cual se elimina cualquier capacidad evolutiva del hombre, tanto filogenética, como ontogenéticamente (Ribes y López, 1985; Rodríguez, 2002).


 

  • Falta de delimitación de su objeto de estudio

La teoría cognoscitiva, ha gozado de una amplia aceptación en los últimos tiempos, esto en razón de que ha respondido a las demandas que la sociedad le ha impuesto y de la manera en que ésta ha querido, sin importar si existe un sustento teórico de sus procedimientos o si estos tienen alguna vinculación con un conocimiento psicológico básico. Así, la teoría cognoscitiva se perfila como una teoría pragmática que tiene como principal objetivo el responder de forma eficaz a las demandas que la sociedad le impone (Zarzosa, 1991). Lo anterior ha traído como consecuencia que sea la exigencia social la que determine el objeto de estudio de la psicología, lo que el psicólogo debe o no de hacer y en que áreas se debe insertar.

En el caso de la psicología cognoscitiva, ésta ha respondido a los problemas psicológicos, de la forma en que la sociedad lo ha demandado, puesto que si consideramos las opiniones socialmente dominantes acerca de lo que se considera psicológico, estas giran en torno a la actividad “mental”, entonces la psicología debe de estudiar –según los usuarios del servicio- cuáles son esos procesos mentales que contribuyen a que una persona actúe de cierta manera (Rodríguez et al., 2003).

Creemos que el que sea la exigencia social la que define el objeto de estudio de la psicología, ha llevado entre otras cosas: a confundir el objeto de estudio de la psicología y su quehacer en los diferentes ámbitos de la vida cotidiana y esto lo atribuimos a que:

a) no considera la necesidad de un modelo teórico propio, ya que en vez de crear un cuerpo teórico propio, empieza a adoptar modelos ajenos a la psicología, dichos modelos usados como metáfora, intentan describir el comportamiento humano, generando con esto una psicología pragmática (Zarzosa, 1991). Este tipo de explicaciones (las cognoscitivas) tuvo gran acogida por parte de los usuarios del servicio y de quienes lo aplican, puesto que ven en ellos una lógica congruente con el sentido común en que se ve el comportamiento, basado en la concepción cartesiana mente-cuerpo;

b) no tiene un objeto de estudio específico; la forma en que la teoría cognoscitiva se desarrollo, hizo que ésta, sin saberlo, confundiera su campo de conocimiento, fijando su objeto de estudio en las cogniciones, ya sea como reacción biológica o como una serie de procesos que se dan en el “interior” del cuerpo. Pero además dicho objeto de estudio no está claramente definido, ya que el término “cognición”, engloba una serie de procesos no definidos de manera específica, tales como, los pensamientos, los sentimientos, la memoria, la imaginación, etcétera (Rodríguez et al., 2003). Incluso el significado de la palabra “cognición” no es específico, ya que para unos la cognición es igual a pensamiento, mientras que para otros equivale a la totalidad de la vida consciente (Ryle, 1967).

Al no existir una definición clara y específica del termino cognición trae como consecuencia una delimitación ambigua del campo profesional del psicólogo, ya que cada escuela cognoscitiva define sus propias categorías con delimitantes poco claras y por consiguiente su campo de acción se traslapa con el de otras disciplinas, por ejemplo, la biomédica –por el “sustento” fisiológico- o la informática -por analogía-.

Lo anterior se puede observar en los diferentes modelos aquí presentados, puesto que cada uno de los modelos centra su atención en diferentes factores, por un lado, uno toma en cuenta las creencias, otro las actitudes, otro la motivación y el último la autoeficacia, y aunque entre estos modelos se comparten algunas variables, cada uno le apuesta a una variable diferente y le atribuyen a ésta el mayor peso explicativo en el cambio de comportamiento.

Lo anterior significa que el estudio de los fenómenos psicológicos se reduzca en función de los factores considerados a priori como los “determinantes” de la conducta, es decir elimina la posibilidad de examinar la conducta en toda su complejidad al centrar la atención en una causa única que rige la conducta;

c) carece de un lenguaje técnico, puesto que el vocabulario psicológico está constituido, en su mayoría, por una serie de términos del lenguaje ordinario, lo cual se debe entre otras cosas, a que la psicología se relaciona directamente con el quehacer y hablar cotidianos. Dicha incorporación de términos tiene como principal inconveniente que el lenguaje ordinario es ambiguo, ya que una palabra se asocia con varios significados, los cuales dependen del contexto en que se digan (véase “Juegos del Lenguaje” Wittgenstein, 1980). Por ejemplo el término pensar  tiene varias acepciones, a saber:

  • Pensar como recordar.- “¡chin! No use condón con la chava de la fiesta de ayer”…¿qué haces?...“estoy pensando en que tuve relaciones sin protección ayer en la fiesta”
  • Pensar como autoreferirse.- “Y si me contagia el VIH/SIDA… No, no creo ella no es de esas… bueno y si sí… ¿Qué haces? “Estaba pensando si uso o no condón”
  • Pensar como opinión.- “la clase pasada el maestro nos dijo que el VIH/SIDA no se contagia por la saliva” ¿y tu que piensas? Yo pienso que no puedo contagiarme mientras no entre en contacto con la sangre, los fluidos cervico-vaginales o el semen infectado”
  • Pensar como creencia.- “La Biblia dice que no debo de tener relaciones sexogenitales antes del matrimonio” ¿y tu que crees? “Yo pienso que tiene toda la razón”
  • Pensar como entender.- “Ayer me dijeron que el SIDA es una enfermedad de homosexuales” ¿y en que piensas? “estoy pesando que todos somos vulnerables al virus del SIDA, ya que las formas de transmisión son varias“
  • Pensar como analizar.- ¿qué pasaría si beso a una persona que tiene una lesión en la boca y además es portador del virus del SIDA? “Upss. Déjame pensarlo
  • Pensar como evaluar.- “Si una de las formas más frecuentes en la transmisión del VIH/SIDA es el contacto sexogenital, entonces me convendría utilizar el condón con cada una de mis parejas sexuales para evitar contagiarme del virus…” que bueno que lo pienso ahora, para así no estar desprevenido en esos momentos.

Como podemos dar cuenta, la palabra “pensar” -como muchas otras del lenguaje ordinario- tiene distintas acepciones. El problema viene cuando la psicología retoma, tal cual, dichas palabras considerando que éstas son unívocas, de manera que plantea el estudio del pensamiento como una entidad o proceso siendo que éste alude, como ya vimos, a distintos “procesos”. Es por esto, que creemos necesaria la creación de un lenguaje técnico propio, que sea univoco y que permita el entendimiento dentro de la disciplina tal y como lo han hecho otras disciplinas tales como la química o la medicina.


 

  • Relación Ciencia-Tecnología

En este último punto hemos de considerar que la psicología cognoscitiva se ha propuesto como una alternativa en el estudio y sobre todo en la modificación de conducta; esto es, se propone como una alterativa que intenta dar solución a los problemas conductuales que se le presenten.

Históricamente, la teoría cognoscitiva tuvo como principal limitante, la postulación de variables mediacionales, hecho que motivó a algunos a crear distintas escuelas cognoscitivas que retomaran influencias de otras teorías e incluso disciplinas, -tales como la cibernética o la fisiología- que les ayudaran a poder explicar el comportamiento. Esto condujo a que dichas escuelas construyeran sus modelos conforme su propia práctica, lo que originó entre otras cosas, que se alejaran de sus propios fundamentos cuando éstos no les permitían cumplir con la demanda social, teniendo como principal objetivo el lograr la efectividad de sus intervenciones versus la aplicación de un conocimiento derivado del conocimiento básico.

Actualmente y en particular los modelos cognitivos se han encargado de responder a demandas sociales al margen de un conocimiento básico, lo cual ha traído como consecuencia, la adopción de otro tipo de modelos derivados de la misma psicología o en el peor de los casos de otras disciplinas y esto a su vez ha repercutido, en el traslapamiento de la labor profesional del psicólogo con el de otras disciplinas, la confusión del objeto de estudio de la psicología, en la reducción del campo de acción del psicólogo supeditada a las demandas sociales temporales y en la escasez de una tecnología conductual científica que permita al psicólogo en su actividad profesional -bajo los criterios de coherencia, pertinencia y autocorreción- vincular su contenido teórico con el campo aplicado (Ribes y López, 1985; Rodríguez, 2002).

En si y hasta ahora la teoría cognoscitiva es considerada como una vertiente pragmática que se da al margen de una teoría básica y que sólo busca responder a una demanda social contraria a la vertiente científica (que sería la ideal) que consiste en la aplicación del conocimiento psicológico derivado de la ciencia, supeditando su función social a su contenido epistémico (Rodríguez, 2002).

La mayoría de los modelos aquí descritos han respondido a una demanda social, por ejemplo el modelo de creencias de la salud, el cual fue creado en respuesta a la escasa participación de la comunidad en la detección y prevención de enfermedades, por otro lado el modelo Transteórico resulta de una serie de observaciones hechas en la terapia clínica por los fundadores del modelo, constituyendo una practica pragmática en lo que a intervención se refiere pues no cuenta con un marco teórico congruente con su forma de intervención y surge de la aportación de varias teorías (Prochaska & DiClemente, 1982).

 

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