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Modelo de Autoeficacia
Psicología y SIDA - Modelos Psicológicos de la Salud

 

Modelos Psicológicos de la Salud que han abordado el VIH/SIDA


Modelo de Autoeficacia

(self-efficacy Model)

 

El concepto de Autoeficacia fue propuesto por Bandura en el año de 1977 con la publicación de la obra “la auto-eficacia: hacia una teoría unificada del cambio conductual” y tiene sus orígenes en la Teoría Cognitivo-Social, la cual a su vez, es una versión actualizada de la Teoría del Aprendizaje Social, ambas desarrolladas por Albert Bandura (Bandura, 1994).

Las bases del modelo de autoeficacia (Bandura, 1977) se dan en términos de una triada de caución reciproca, es decir, se describe por medio de tres componentes que operan en interacción unos con otros. Los tres componentes determinantes de acción propuestos por Bandura son: 1) determinantes personales en forma de cogniciones, emociones y factores biológicos; 2) la conducta e, 3) influencias ambientales (ver Figura 1).

 

triada_causion_reciproca

Fig. 1 Esquematización de la triada de caución reciproca propuesta por Bandura para describir el comportamiento desde la Teoría Cognitivo-Social (1986, citado en Bandura 1994).

Es dentro del componente de determinantes personales donde según la teoría Cognitivo-Social, los individuos interpretan y evalúan sus propias experiencias y sus procesos de pensamiento y es aquí donde Bandura (1977) atribuye la existencia de un autosistema, el cual permite a las personas ejercer un control sobre el medio ambiente y sus creencias, factores que a su vez alteran las conductas subsecuentes. Este autosistema incluye las habilidades de simbolizar, aprender de otros, planificar estrategias alternativas, regular la propia conducta y la auto-reflexión.

Con lo anterior, Bandura (1977) propone que la conducta humana es el resultado de la interacción entre este autosistema y las fuentes de influencias externas y medioambientales, ya que el individuo opera dentro de las influencias socioculturales. Asimismo, Bandura considera que la capacidad humana de auto-referencia del pensamiento, permite a las personas evaluar y alterar su propio pensamiento y su conducta, dichas evaluaciones incluyen percepciones de auto-eficacia, que es como Bandura definió a “las creencias en las capacidades propias para organizar y ejecutar el curso de acciones requeridas para manejar las posibles situaciones”; en si, la autoeficacia no es otra cosa que las auto-evaluaciones que hace el individuo sobre lo que se cree capaz de hacer.
El proceso de cómo la autoeficacia funciona es simple: primeramente las personas se comprometen con una conducta, para después interpretar los resultados de sus acciones y es con base en estos resultados como desarrollan creencias sobre si son capaces o no de llevar acabo conductas subsecuentes en contextos similares.

El modelo de Autoeficacia como modelo psicológico en el área de la salud supone que uno de los principales problemas con respecto al cambio conductual es que comúnmente se intenta enseñar a las personas lo que deben o necesitan hacer para llevar a cabo una conducta saludable, a este respecto Bandura (1994) considera que lo que realmente se debe de enseñar a las personas, son habilidades que fomenten la autoeficacia, por ejemplo, las habilidades de autorregulación que les permitan ejercer el control sobre ellos mismos y sobre otros en la práctica de comportamientos saludables, dichas habilidades, tienen que ver con el manejo de la automotivación, las autocreencias y las autoguías (formas de actuar).

La autorregulación, por su parte, requiere de habilidades de automonitoreo que permitan a las personas reconocer cuándo deben de poner en práctica su sistema autoregulatorio, promoviendo así, la emisión de conductas saludables por medio de un cambio de comportamiento autodirigido. Bandura, considera que para lograr dicho cambio, la gente necesita reconocer las razones para alterar sus hábitos riesgosos, los significados de sus conductas, sus recursos y de apoyos sociales para hacerlo.

Bandura (1994) piensa que una buena intervención que tenga por objetivo el cambio de comportamiento, debe desde la perspectiva del modelo de Autoeficacia, considerar cuatro variables (ver Figura 2), las cuales están dirigidas a alterar cada uno de los tres componentes determinantes de acción propuesto por la teoría Cognitivo-Social.

 

Modelo_autoeficacia

Fig. 14. Representación esquemática del modelo de Autoeficacia.

El primer elemento, es el componente informativo, éste se refiere a la distribución de información sobre el tema tratado. El componente informativo intenta hacer concientes a las personas de lo vulnerables que son ante determinada enfermedad, su forma de transmisión, el desarrollo de la enfermedad y todas las características de la misma. También busca informar a las personas sobre todas aquellas conductas que representan un riesgo para su salud y cuáles no, cómo hacerle para desarrollar comportamientos seguros, qué tan importante es conservarse sano, cuáles son los beneficios derivados de los comportamientos saludables, las ventajas de poder regular su conducta, etcétera.

El segundo componente se refiere al desarrollo de habilidades sociales y de autorregulación que permitan a las personas el transformar la información en conductas o acciones de prevención efectivas. Cabe mencionar que en este componente, no se recomienda aún poner a los sujetos en situaciones de riesgo real. En realidad lo que se hace en este paso, es identificar en los propios sujetos los disparadores de riesgo, conocer la serie de conductas que llevan al riesgo, saber qué se debe de hacer y cómo se debe de hacer para salir de la situaciones de riesgo, saber reforzarse uno mismo por prácticas no riesgosas, saber cómo regular su conducta por medio de la propia insistencia del sujeto de que determinadas conductas implican un riesgo, etcétera.

El tercer componente esta dirigido al mejoramiento de las competencias sociales y la construcción de una sólida autoeficacia, lo cual se logra por medio de simulacros de situaciones que pueden ir desde un simple juego de roles hasta situaciones de alto riesgo en donde con ayuda de un guía y de la retroalimentación, el individuo puede ensayar y mejorar la habilidades necesarias para enfrentar de una manera efectiva una situación de riesgo en la vida real. Los ensayos pueden llevarse a cabo en diferentes contextos y con diferentes niveles de complejidad. El objetivo de este elemento es desarrollar al máximo las habilidades autoregulatorias y las habilidades sociales, que conlleven al desarrollo y fortalecimiento de la autoeficacia.

Y por último, tenemos la creación de una red de apoyo social que asegure el mantenimiento de las conductas preventivas adquiridas, ya que el cambio de comportamiento se da en un contexto social específico con una influencia social normativa. En este componente se ha de considerar la identificación de redes sociales que tengan más influencia y de aquellas que tengan la habilidad de reforzar o castigar.
En cuanto a la forma en que este modelo pretende prevenir la transmisión del VIH/SIDA, considera que todas las personas están regidas por un autosistema, el cual, posee una variedad de habilidades con las cuales se pueden enfrentar y en el mejor de los casos, evitar de forma efectiva las conductas de riesgo. El objetivo es desarrollar autoeficacia, una de las principales habilidades del autosistema, la cual es posible desarrollar si existe una adecuada autoregulación de las demás habilidades de las personas. Para poder desarrollar la autoeficacia, el sujeto debe desarrollar las habilidades propuestas por cada uno de los cuatro componentes que propone el modelo.

En el primer elemento (componente informativo) el individuo debe conocer qué es el VIH, cómo se transmite, cuáles son los síntomas, cómo se puede prevenir, cuáles son las conductas de riesgo, qué tipo de conductas son la que ellos llevan a cabo, si son de riesgo o prevención, etc. En el segundo componente (desarrollo de habilidades sociales y de autorregulación) el sujeto debe considerar las situaciones en que ha estado más expuesto a comportamientos de riesgo (bajo el influjo de alguna droga o del alcohol, después de una fiesta, etc.) y las formas en que debe de cambiar para mostrar comportamientos preventivos, tales como el uso del condón en todas sus relaciones sexogenitales, la posibilidad de emplear conductas alternativas a la penetración vaginal o anal (tales como la masturbación o las caricias), tener la confianza de investigar sobre el pasado sexual de su pareja, considerar la comunicación como un elemento importante para el desarrollo de conductas preventivas, etcétera.

Toda vez que el sujeto sabe y tiene la información necesaria sobre el VIH/SIDA, ha reconocido las conductas de riesgo que ha practicado y ha considerado las posibles alternativas para evitar la transmisión del VIH, el sujeto pasa a la siguiente fase (mejoramiento de las competencias sociales y la construcción de una sólida autoeficacia), en donde se ensayarán las habilidades sobre aquellos comportamientos considerados como preventivos, es decir, el sujeto aprenderá y ensayará desde la forma de comprar un condón, la forma de ponerse un condón, la forma de preguntar sobre el pasado sexual de la pareja, las formas de proseguir en caso de que la pareja se sienta agredida, las características de una comunicación asertiva, las formas de decir no cuando se sienta en riesgo, etc. Dichos ensayos deberán de considerar la dificultad del comportamiento y podrán ser practicados a manera de simulacros que de forma progresiva aumenten su nivel de complejidad, empezando por ejemplo, con situaciones imaginarias, hasta que el sujeto pueda hacer frente a situaciones reales.

Por último, se han de establecer redes de apoyo social que permitan al sujeto mantener los comportamientos saludables, esto se hace identificando aquellas personas (familiares, amigos, maestros) que tienen mayor influencia sobre el individuo e instituciones (CONASIDA, TELSIDA, SAPTEL, DIVERSITEL, etc.) a las cuales poder acudir en caso de buscar apoyo a fin de mantener o fortalecer los cambios de conducta.

Pese a lo integro que parece estar este modelo, no se salva de caer en errores como el creer que con una alta percepción de riesgo, las personas tomarán acciones para prevenir el contagio del VIH, es así, como nos encontramos con estudios que buscaban reforzar la autoeficacia por medio de la percepción de riesgo, bajo la hipótesis de que si una persona podía percibir el riesgo en el que se encontraba frente al SIDA, esta podría desplegar las acciones de autoprotección necesarias, fortaleciendo así la autoeficacia (Bell, Molitor & Flynn, 1999).

En realidad la mayor parte de los estudios están enfocados a desarrollar los procesos del autosistema, es decir, la autoeficacia, la autodeterminación, la autoestima, la autoguía, la automotivacion, la autoinstrucción, el autorespeto, entre otros. Sin embargo, Nelly, Lawrence, Hood & Brasfield (1989) y Sieving et al. (1997) consideran que la aplicación del modelo de autoeficacia ha ser específico, ya que el desarrollo de habilidades siempre debe responder a las características de la población y debe de contemplar, además de fomentar la autoeficacia, el desarrollo de las habilidades de comunicación, la percepción de vulnerabilidad, el acceso a servicios de salud que trabajen en la prevención de enfermedades de transmisión sexual, la responsabilidad hacia los otros, la educación sexual, el desarrollo de una estabilidad emocional y el desarrollo de habilidades para buscar apoyo; en fin todas las habilidades que permitan al sujeto percatarse sobre el riesgo de infección en que se ven inmersos y regular su comportamiento encaminado a la emisión de conductas preventivas efectivas.

Dentro de los estudios que apoyan el desarrollo de las habilidades del autosistema podemos encontrar el realizado por Ortega, Ramos, y Gallegos (1992) quienes diseñaron un programa para fomentar la autoestima y la autodeterminación que ayudara a hacer frente a los problemas originados por la prostitución en la frontera entre México y Estados Unidos. Los resultados mostraron una fuerte afiliación al programa de aquellas personas que se concebían como vulnerables quienes además adoptaron una actitud más favorable hacia el uso del condón como método para prevenir la transmisión del VIH.

En lo referente a usuarios y ex-usuarios de drogas, Carpio-Cedraro, Bracho, y Anderson (1992), encontraron que para el cumplimiento de medidas de salud preventivas en la transmisión del VIH, es necesario la elaboración de un programa que además de considerar la autoeficacia (la convicción de evitar el contagio del VIH/SIDA), tome en cuenta la modificación de creencias, actitudes y valores que en su conjunto permita el cambio de comportamiento.

La principal crítica que se la ha hecho a este modelo, es la generalidad que engloba el término autoeficacia, ya que esta puede ser alta en relación con ciertas metas que se propone la persona, pero baja en relación con otras. Es por esto, que, si se quiere aplicar el modelo, es necesario conceptualizar claramente y con áreas de contenido específico la conducta problema (Alarcón, 2002; Shively, Smith, Bormann y Gifford, 2002).

Por otro lado, Nelly et al. (1989) consideran la importancia de tener un control sobre las habilidades que se desarrollan, ya que debido a las características de las habilidades del autosistema, muchas veces es difícil identificar las variables que ocasionan el cambio.
 

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