| Ejercicio Físico Y SIDA |
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Además del indispensable tratamiento farmacológico, la realización de ejercicio físico y una dieta ajustada a las necesidades del paciente, desempeñan una función clave en la atención a los pacientes con VIH. Diferentes estudios han notificado cómo la práctica de ejercicio físico puede repercutir positivamente en la calidad de vida de los pacientes, por ello, su aplicación, seguida adecuadamente por personal médico, es altamente recomendable.
1.- ESTUDIOS SOBRE EJERCICIO FÍSICO Y SIDA
En cuanto a los beneficios que conllevaría la realización de este ejercicio físico, los estudios se han centrado principalmente en sus repercusiones en el estado inmunológico (recuento de CD4) y virológico, en el estado muscular y cardiopulmonar, en la posible reducción de los síntomas depresivos, y en las características clínicas de los pacientes antes y después del proceso. Diferentes razones hacen que los resultados de los estudios deban interpretarse con cautela. El bajo número de pacientes con los que se trabaja, el alto número de éstos que abandonan el tratamiento (el porcentaje puede variar fácilmente de un 4% a un 76% (según el estudio de Nixon S, O'Brien K, Glazier RH y Tynan AM), la exclusión en la toma de resultados de aquellos que no finalizaron el tratamiento, o la dificultad para realizar metanálisis son algunas de ellas. Aun así, teniendo en cuenta estas limitaciones, se ha obtenido una serie de hallazgos importantes de estudiar.
2.- TIPO DE EJERCICIO FÍSICO
Según el estudio de Iván López Fernández y Pedro Almendral Lara sobre los efectos del ejercicio físico en pacientes con VIH, analizados diferentes trabajos sobre el tema, se sugiere que el ejercicio aeróbico de baja intensidad y adecuado a cada paciente es el más recomendable, pues se obtienen beneficios similares a los de mayor intensidad con menor esfuerzo. Según Nixon y cols. en el mismo ámbito, la realización de ejercicios aeróbicos constantes o a intervalos, o una combinación de ejercicios aeróbicos constantes y ejercicios progresivos de resistencia durante al menos 20 minutos, tres veces por semana, durante al menos cuatro semanas parece ser seguro. Por último, citar que en el estudio realizado por Marcela Agostini, Sergio Lupo, Jorge Palazzi, Luis Marconi y Luciana Pasanti sobre el tratamiento no farmacológico de la lipodistrofia se observaron los beneficios del ejercicio físico aeróbico estándar (ejercicio aeróbico 3 veces por semana, con una duración de 40-60 minutos, consistiendo en caminatas, trote, tenis o ciclismo) así como del sistematizado (entrada en calor, 15 minutos de ejercicio cardiovascular, 10 minutos de elongación, 40 minutos de entrenamiento anaeróbico y 5 minutos de relajación controlado) en pacientes con lipodistrofia, no habiendo entre ambos diferencias significativas. Así, el ejercicio más recomendado para pacientes con VIH sería el ejercicio aeróbico de media-baja intensidad, siempre adecuado a las posibilidades del paciente.
3.- EFECTOS A NIVEL INMUNOLÓGICO
Según el estudio de I. López Fernández y P. Almendral Lara, la realización de ejercicio físico podría afectar positivamente al paciente VIH+ normalizando el recuento de linfocitos CD4, y retrasando la progresión de la enfermedad. Por otro lado, los metanálisis realizados por Nixon y cols. no mostraron diferencias significativas en el recuento ni porcentaje de linfocitos CD4 entre los pacientes que realizaban ejercicios aeróbicos frente al grupo control que no. Por todo ello, si bien el efecto beneficioso del ejercicio físico en el recuento de linfocitos no es significativo, no parece afectar negativamente al mismo, al menos en ejercicios aeróbicos de intensidad baja o moderada.
4.- EFECTOS A NIVEL VIROLÓGICO
5.- EFECTOS A NIVEL MUSCULAR Y CARDIORRESPIRATORIO
Parece ser, según lo citado en el estudio de I. López y P. Almendral, que la realización de ejercicio físico aeróbico (y también no aeróbico) provocaría un aumenta la masa magra, habiendo durante la fase no aguda del SIDA una adaptación fisiológica que desarrollaría la función muscular y aumentaría las dimensiones y masa corporal. Por otro lado, Nixon y cols. encontraron posibles mejorías en el VO2 máx. entre los pacientes que realizaban ejercicios en comparación con los controles sin ejercicios, mejoría que podría ser mayor si se realizasen ejercicios de alta intensidad, frente a los de intensidad moderada. Así, dada la adaptación muscular resultante (además de la mejoría en el VO2 máx.), se sugiere el empleo terapéutico del ejercicio físico aeróbico, posiblemente útil para frenar la atrofia muscular progresiva que acompaña a los pacientes con SIDA (al menos durante la fase no aguda).
6.- EFECTOS A NIVEL PSICOLÓGICO
En el estudio de Nixon y cols., el único metanálisis que demostró resultados positivos estadísticamente significativos y clínicamente importantes fue el de la subescala de depresión/desánimo de la POMS, lo que sugiere que los ejercicios aeróbicos pueden mejorar los síntomas de depresión entre los que realizan ejercicios en comparación con los que no los realizan. Según el estudio de I. López y P. Almendral, la realización de ejercicio físico conlleva un descenso del estrés, la ansiedad y la depresión. Por otro lado, Adriana Carvajal Sancho cita en su estudio sobre los efectos del ejercicio físico en pacientes con VIH cómo el ejercicio aeróbico tiene beneficios psicológicos en éstos, específicamente en los niveles de ansiedad, estados depresivos y en el mejoramiento de la calidad de vida. Basándonos en estas pesquisas, queda claro el muy posible efecto beneficioso de la realización de ejercicio físico sobre el estado psicológico del paciente.
7.- EFECTOS EN LIPODISTROFIA
El estudio realizado por Agostini y cols. trató de observar cómo repercutía sobre pacientes con lipodistrofia, conjunto a una dieta balanceada, la realización de ejercicios aeróbicos sistematizados de media intensidad controlados, frente a ejercicios aeróbicos estandarizados, obteniendo como resultado en ambos casos, sin diferencias significativas, una disminución de los valores de glicemia, triglicéridos y colesterol total, además de un aumento del colesterol HDL. Por otro lado, también se vio en algunos pacientes una reducción de la grasa abdominal (lipoacumulación) y una disminución de la atrofia en cara. Coincidiendo los resultados positivos de este estudio con otros previos en el mismo campo, parecen obvios los efectos positivos que puede conllevar la realización de ejercicio físico en pacientes con lipodistrofia, así como su lógica puesta en práctica como parte del tratamiento de los síntomas negativos del tratamiento antirretroviral.
8.- CONCLUSIÓN
Por todo ello, la realización de ejercicio físico aeróbico supervisada por personal médico y adecuada al paciente es una práctica muy recomendable para pacientes con VIH/SIDA, pues supondría una mejora en su calidad de vida.
9.- REFERENCIAS
Colaboración: Sergio Carmona Torres. |



