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El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida, más referido por su acrónimo SIDA, es una enfermedad que afecta a los humanos infectados por el Virus de lnmunodeficiencia Humana (VIH) y consiste en la incapacidad del sistema inmunitario para hacer frente a las infecciones y otros procesos patológicos. Así , el SIDA es una etapa avanzada de la infección por el VIH, por eso lo correcto es hablar de la infección VIH-SIDA sabiendo que es un proceso.

Con el paso de los años la humanidad se ha enfrentado a un sinnúmero de obstáculos que han jugado un papel crucial en el desarrollo de la sociedad, es así, cómo algunas epidemias han sido controladas gracias al avance del conocimiento y la tecnología, mientras que otras persisten y algunas otras emergen como condiciones nuevas para las cuales aún no estamos preparados;  ese es el caso del VIH/SIDA, pues en las últimas dos décadas la sociedad mundial ha hecho frente a este problema que tras veinte años de ardua lucha para su erradicación  ha logrado permanecer. Este fenómeno se debe a un virus (VIH = Virus de Inmunodeficiencia Humana) que es capaz de instalarse en las células y permanecer allí por años antes de manifestarse, dicho virus ataca el sistema de inmunodeficiencia y provoca el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) (Sepúlveda, 1989).

Lo mismo que las más antiguas enfermedades, el VIH/SIDA se muestra como un problema global que va acompañado de una serie de prejuicios y actitudes sociales de estigmatización del enfermo, que no reconoce fronteras, estatus social, económico, edad, género, etcétera.

¿Qué es el VIH/SIDA?

SIDA son las siglas de Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida. Para entender en qué consiste este síndrome, es necesario saber lo que representa el SISTEMA INMUNOLÓGICO para el cuerpo humano, y es que dicho sistema es el sistema de defensa del cuerpo contra organismos que le son extraños y dañinos, está compuesto por diferentes grupos de células, llamadas linfocitos, entre los cuales destacan las CD4, que son las que dirigen la defensa enviando señales químicas a otros grupos linfocitarios para exterminar al agente dañino, llamado antígeno. El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), ataca precisamente a las células CD4, introduciendo su código genético en las células y obligándolas de esta manera a reproducir el virus en lugar de células CD4, al mismo tiempo que las aniquila (DeVita, Hellman y Rosenberg, 1990; Orzechowzki, 2002; Sepúlveda, 1989).

Cuando el virus ha logrado destruir considerablemente al sistema inmunitario encabezado por las células CD4, decimos que hay una inmunodeficiencia y que es adquirida porque no es congénita, es decir, no es hereditaria, aunque algunas veces se nazca con ella porque se adquirió de una madre infectada durante la gestación al momento del parto o en la lactancia. Dicha inmunodeficiencia, en caso de ser significativa, se manifiesta por una serie de signos o síntomas que en conjunto se llaman síndrome.

Cuando el sistema inmunológico ha sido disminuido considerablemente por el VIH, aparecen las infecciones y los cánceres oportunistas, porque aprovechan esta condición del organismo para atacar y desarrollarse. Para tener la certeza de que el virus existe en el organismo es necesario hacerse la prueba de ELISA (Inmuno-análisis unido a enzima), que consiste en buscar los anticuerpos que el cuerpo produce para combatir al VIH. Cuando esta prueba resulta positiva, se debe hacer una confirmatoria llamada Western blot y una vez confirmada la presencia del virus en el organismo, es conveniente hacerse un examen de laboratorio para conocer la cantidad de células CD4 que existen por milímetro cúbico de sangre. Los parámetros normales van de 500 a 1,200 células, así que el resultado indicará cuánto daño ha causado el VIH (Consejo Nacional para la Prevención y Control del SIDA [CONASIDA], 2002; Secretaria de Salud de México [SSA], 2002a; Sierra, 2002).

Hasta hace poco tiempo se creía que en vista de que el virus permanecía latente durante un tiempo, no era necesario dar tratamiento sino hasta que el conteo de células fuera de 500 o menos; actualmente, lo recomendable es administrar antivirales desde el mismo momento en que el virus es detectado. Asimismo, se recomienda iniciar el tratamiento para prevenir las infecciones oportunistas cuando el número de células CD4 ha descendido a 200 o menos (Sierra, 2002)
Para conocer la cantidad de partículas virales que hay en la sangre es necesario saber la CARGA VIRAL, lo cual es un indicador del daño que puede esperarse cause el virus, a diferencia del conteo de células CD4 que nos indica el daño ya causado, es decir, con base en los resultados de la carga viral, puede predecirse qué tan rápido avanzará la enfermedad y qué tan pronto puede llegar la muerte de la persona (Orzechowzki, 2002).

Aunque actualmente existen medicamentos capaces de detener la replicación viral, los cuales reciben su nombre dependiendo del momento de su acción, ya sean Inhibidores de la transcriptasa inversa, inhibidores de la proteasa y próximamente inhibidores de la integrasa, el VIH/SIDA es mortal; sin embargo, los nuevos medicamentos pueden convertir al SIDA de una enfermedad mortal en una enfermedad crónica (Orzechowzki, 2002).

Cuando el virus entra en el organismo y se reproduce sin causar síntomas por mucho tiempo, es cuando se dice que una persona es seropositiva; es decir, que tiene el virus pero aún no ha desarrollado la enfermedad, pero con el tiempo los virus atacan las defensas y dejan al organismo expuesto a enfermedades e infecciones que pueden causarle la muerte (Información Básica Sobre el SIDA, 2002).

Origen del VIH/SIDA

Los primeros casos de VIH/SIDA, de los cuales se tiene noticia, fueron registrados desde 1978 en Estados Unidos, en hombres homosexuales con Sarcoma de Kaposi; de tal forma que se asoció la epidemia con el factor de las relaciones homosexuales. Sin embargo, actualmente se tiene noticia de algunos informes anteriores a la década de los años ochenta, de personas que murieron sin un diagnóstico preciso pero con un cuadro clínico compatible con el SIDA (DeVita et al., 1990). A continuación se mencionan algunos de estos casos citados por Sepúlveda (1989):

  • En 1959 en Zaire se reportó un suero positivo a la prueba de anticuerpos contra el VIH que se mantuvo congelado, desde ese entonces.
  • En el año de 1969 un adolescente de 15 años murió en San Luis Missouri, con Sarcoma de Kaposi e infecciones oportunistas.
  • En 1976 se reporta la muerte de una familia Noruega integrada por una niña y sus padres. El padre presentó un cuadro clínico con enfermedades respiratorias recurrentes desde 1966 y murió en 1976, la madre presentó infecciones recurrentes desde 1967 y a partir de 1973 se le diagnosticó leucemia y un cuadro neurológico progresivo, muriendo en el mismo año que el padre. La niña, por su parte, presentó infecciones bacterianas con complicaciones pulmonares  y murió en enero del ‘76. En los tres casos se confirmó el diagnóstico de SIDA al realizar las pruebas de ELISA y Western Blot en sueros congelados que datan del año de 1971.
  • En el año de 1977 un informe médico belga, refiere el caso de una secretaria originaría de Zaire, con 34 años de edad, que presentaba fuertes infecciones respiratorias e intestinales persistentes y que murió un año después.
  • Fue hasta junio de 1981 cuando se describió el SIDA como una nueva entidad clínica, en el mismo año se publicaron los primeros cinco casos de una enfermedad infecciosa poco común (neumonía por Pneumocystis carinii) y Sarcoma de Kaposi, en hombres homosexuales previamente sanos. En el año de 1982 se descubrieron casos en drogadictos intravenosos. La característica en común en los dos grupos era que tenían afectado el sistema inmunológico. En los siguientes años (entre 1982 y 1983) empezaron a aparecer más casos ahora también en hombres bisexuales y hemofílicos (DeVita et al., 1990; Sepúlveda, 1989).

A decir verdad, no se sabe exactamente cuál es el origen geográfico del virus ni en qué momento se convirtió en agente patógeno para el hombre. Es de considerarse que los primeros casos de la enfermedad seguramente datan ya de algunas décadas y es probable que los médicos que veían casos de SIDA, al tratarse de casos aislados, no encontraran relación con otros padecimientos y menos que se percataran que estaban frente a una nueva enfermedad (Grmek, 1992).

Debido a las características de las primeras personas con VIH, mucha de la literatura consultada atribuye a África el origen del virus, sin embargo, actualmente existe el consenso de que la enfermedad puede ser tan nueva en África como en muchos otros países (Programa Conjunto de las Naciones Unidas dedicado al VIH/SIDA [ONUSIDA], 2002).

Ver también Historia del VIH en http://news.sida-aids.org/el-vih-y-el-colonialismo-en-africa-historia-del-virus/

Etiología del VIH/SIDA

Los virus son, a saber, estructuras aún más pequeñas que las bacterias y aunque tienen la información para multiplicarse, carecen de los medios para ello, por tal, deben hacerlo en el interior de las células, provocando con esto diversas enfermedades infecciosas, degenerativas y tumorales.

Dentro de la familia de los virus, podemos encontrar cierto tipo de virus capaz de invertir el sentido en el proceso de información, a dichos virus se les denomina retrovirus, categoría a la cual pertenece el VIH, ya que éste se reproduce invirtiendo el sentido de la información del ácido ribonucléico (ARN) al ácido desoxirribonucléico (ADN), pues normalmente el ADN manda mensajes al ARN, pero en el caso del VIH este logra invertir el sentido de la información, enviando los mensajes de su ARN al ADN de la célula. Es importante comentar que el ARN es el lugar donde se encuentra el código genético del virus, es decir, las características hereditarias que le son necesarias para replicarse, de esta manera el virus inserta su información genética en el mecanismo de reproducción de la célula, gracias a la transcriptasa inversa, logrando así la reproducción de células infectadas en lugar de células sanas (DeVita et al.,  1990; Orzechowzki, 2002; Sepúlveda, 1989).

Asimismo, el virus de la inmunodeficiencia humana pertenece a la familia de los lentivirus, lo que significa que puede permanecer en estado de latencia dentro del organismo durante largos periodos de tiempo, para activarse cuando surgen las condiciones favorables para ello. Sin embargo, ahora se sabe que el VIH nunca permanece inactivo, ya que desde su ingreso al organismo empieza a reproducirse en los ganglios linfáticos, causando la muerte de miles de millones de células al día (Grmek, 1992; Orzechowzki, 2002).

Actualmente existe un número considerable de familias de virus que son capaces de atacar al hombre y provocarle múltiples enfermedades, algunos de los virus más conocidos son, el Herpescon sus especies y manifestaciones; el Toga, causante del dengue; el Rhabdo, causante de la rabia; y dentro de los retrovirus,  el Oncorna (HTLV-1 ó HTVL2) causante de la leucemia-linfoma y el Lentien sus especies VIH-1 y VIH-2 asociados con el SIDA. Hemos de tener presente que un mismo virus puede provocar diversas enfermedades en huéspedes (personas) distintos (Sepúlveda, 1989).

La idea original de que el causante del SIDA podía ser un retrovirus, surge de los primeros estudios del Oncorna (HTLV-1 ó HTVL2), la forma de transmisión con exposición sexual, perinatal y a homoderivados recordaba mucho al virus de leucemia humana. Posteriormente un grupo de investigadores encabezado por Gallo (citado en DeVita et al., 1990) se dedicaron a aislar el virus en personas con SIDA y enfermedades relacionadas, y demostraron en 1982 la existencia de un retrovirus en los linfocitos de pacientes con SIDA. Tras muchas investigaciones más, en 1983 Popovic, Sharngadharan y Read (citados en DeVita et al., 1990) desarrollaron clones de una línea celular T4 (CD4) positiva de crecimiento permanente (HT) que era sensible a la infección por retrovirus de pacientes con SIDA, pues en las pasadas investigaciones era muy difícil poder obtener cantidades suficientes de virus para su investigación, ya que una diferencia importante entre el virus HTLV-1 y el VIH-1 era que el primero induce a la proliferación e inmortalización de los linfocitos y el segundo destruye invariablemente las células infectadas. La disponibilidad de líneas productoras de células de forma continua y en grandes cantidades permitió, por vez primera, desarrollar reactivos víricos altamente purificados y concentrados, necesarios para la caracterización del virus y la detección serológica de los individuos expuestos.

A medida que fueron desarrollándose análisis serológicos sensibles para detectar la exposición al virus del SIDA fue haciéndose más claro que casi el 100% de los pacientes con SIDA y una elevada porción de los individuos considerados como de alto riesgo, estaban infectados por este agente, primero conocido como LAV o HTLV-III y después como VIH-1, quedando así establecida la etiología del SIDA (DeVita et al., 1990).

El descubrimiento del VIH-1 se dio a tres años de la descripción inicial del síndrome. Asimismo, se observó que existían grandes paralelismos entre el VIH-1 y los virus de la leucemia humana. Posteriormente se hizo evidente que el virus del SIDA estaba más estrechamente emparentado con la subfamilia de lentivirus de los retrovirus. Como todos los retrovirus, el VIH-1 es un virus RNA de una sola cadena, sentido positivo y apenas 100nm de diámetro, presenta un nucloide cilíndrico y denso, que contiene las proteínas centrales, el RNA genómico y la transcriptasa inversa rodeado de una envoltura lipídica (Ponce de León, 2000).

A continuación en la Figura 1, se muestran los componentes estructurales del VIH-1, donde se puede ver la principal proteína estructural central del VIH-1 es la proteína p24, que junto con la meristilada proteína p18 forman las principales proteínas estructurales. Vemos también, cubriendo la membrana externa del virus, la envoltura de glucoproteinas gp120 y gp41 (Fundación Anti-SIDA de San Francisco, 2002a).
Estructura del VIH

En la Figura 2, se observa el ciclo vital del VIH-1, el virión libre se une primero a la célula diana mediante una interacción específica entre la envoltura vírica y la membrana de la célula huésped, tal interacción se da específicamente entre la molécula vírica gp120 y la molécula T4 (CD4) de la molécula diana. Tras la absorción del virus tiene lugar la fusión de las membranas vírica y celular lo que permite la internalización de los componentes del núcleo vírico. Finalmente, la infección por VIH se da a partir de una deplección progresiva de los linfocitos T4 (CD4), que conduce en último término a la inmunodeficiencia y a la aparición de infecciones secundarias y neoplasias (DeVita et al., 1990; Fundación Anti-SIDA de San Francisco, 2002a).

Ciclo vital del VIH

La evolución general de la enfermedad por VIH se caracteriza por una pérdida prolongada y progresiva de células T4 con un periodo de tiempo entre la infección y la aparición de un SIDA clínico, de más de 5 años. Se puede decir que clínicamente el distintivo del SIDA es el progresivo deterioro de la competencia inmune, como consecuencia de la pérdida progresiva de linfocitos colaboradores/inductores CD4+.

Finalmente, cabe mencionar que existe el VIH tipo 2, el cual junto con el Virus de Inmunodeficiencia del Simio (SIVmac) pertenecen a la familia de los retrovirus y cada uno de ellos esta ligeramente emparentado con el VIH-1, con el que mantiene una homología del 40%; asimismo resultan ser menos patógenos en algunas poblaciones, estando entonces asociados con formas menos graves de inmunodeficiencia en ciertos grupos de pacientes (DeVita et al., 1990).

Transmisión del VIH/SIDA

Hace tan sólo 21 años, se pensaba que la transmisión del VIH/SIDA era únicamente por vía sexual y que era una enfermedad exclusiva de las comunidades homosexuales; sin embargo, con el tiempo se han encontrado otras formas de contagio, ya sea por transmisión sanguínea, sexual o perinatal; y en diversos y variados grupos de personas que poseen el virus.

Dentro de las principales formas de contagio se encuentran las conductas sexuales, ocupando el primer lugar con un 89.7% de los casos; en segundo lugar, la transmisión del virus por contacto directo con sangre infectada -8%-(ya sea por transfusión sanguínea, en hemofílicos, donadores, en usuarios de drogas intravenosas o por exposición ocupacional); y en tercer lugar por vía perinatal -1.8%-, es decir, el contagio de la madre al hijo, ya sea durante la gestación, el parto o el amamantamiento (Fan, Conner y Villareal, 2000; HIV/AIDS Information Center, 1999b).

DeVita et al. (1990) menciona que existen muy pocos estudios que demuestran la presencia del virus en la orina y en la saliva, sin embargo, la mayoría de las investigaciones descartan la sobrevivencia del virus en tales fluidos por las características propias del virus.

Sin duda alguna, en el terreno sexual existen un sinnúmero de hábitos que cambian a razón de la cultura y el tiempo, basta con leer un poco de literatura Hindú y encontrar el Kama-Sutra que versa: “En el ardor de la cópula, una pareja de amantes enceguece de pasión y prosigue con gran impetuosidad, sin prestar la menor atención a los excesos“. Podemos entonces, dar cuenta de diversos actos sexuales tales como el Cunnilingus o el Fellatio, asimismo, hemos de tener claro la existencia del coito anal y Anulingus, entre otro tipo de “perversiones” o conductas sexuales inhabitúales como la zoofilia o necrofilia. Debido a la gran diversidad de las conductas sexuales se han clasificado una serie de éstas como de alto riesgo, dado que incrementan la posibilidad de riesgo de infección de VIH.

Así también, acciones como el compartir jeringas o navajas o cualquier utensilio que haya estado en contacto directo con la sangre o fluidos de los órganos genitales y los hemoderivados de la sangre, representan una fuente de alto riesgo o de mayor probabilidad de contagio del VIH y pueden considerarse como Conductas de Alto Riesgo (Becker, Rankin y Rickel, 1998).

5. Conductas de Alto Riesgo en la Transmisión del VIH/SIDA

Los patrones de conducta, los estilos de vida y los hábitos adquiridos en la niñez pueden constituir en sí mismos factores de riesgo para la salud.  En la prevención del VIH/SIDA un número considerable de investigaciones se han dedicado a identificar determinados hábitos sexuales que aumentan el riesgo de infección por el VIH, los cuales se pueden clasificar como conductas de Alto Riesgo y éstas son de tres tipos, 1) las relacionadas con comportamientos sexuales, 2) las relacionadas con el manejo de sangre y hemoderivados y, 3) las relacionadas con los casos de drogadicción por vía intravenosa. Estas conductas tienen como característica en común, que en su ejecución existe un intercambio directo de fluidos ya sea semen, sangre o fluidos cervico-vaginales, los cuales en caso de estar infectados, son transportadores del VIH. Cabe aclarar que no son las únicas formas de contagio del virus, pero sí las formas más frecuentes.

Primeramente, entre las Conductas Sexuales de Alto Riesgo figuran las prácticas sexuales anales, prácticas manurectales, los enemas y duchas rectales, la utilización de artilugios sexuales anales y el anulingus; este tipo de conductas puede originar traumatismos que van de irritaciones y abrasiones rectales a ulceraciones, fisuras laceraciones y perforaciones intestinales; en el caso del anulingus el riesgo se corre al entrar en contacto con las heces infectadas, con o sin sangre. En el coito genital, existen conductas de alto riesgo como el contacto con las secreciones vaginales y cervicales, la sangre menstrual, el semen y la orina, la utilización de artilugios sexuales vaginales y la estimulación manuvaginal. Por último, las prácticas oro genitales, tales como el Fellatio y el Cunnilingus; en el primero, el riesgo de contagio se da a partir de la ingestión del semen y su contacto con la mucosa bucal alterada y en el segundo caso, la transmisión se da durante el contacto con las secreciones y las sangre menstrual (DeVita et al., 1990).

Por otro lado, hay conductas de alto riesgo relacionadas con el manejo de la sangre y sus hemoderivados. A este respecto, cabe mencionar que existen dos tipos de productos sanguíneos preparados con fines terapéuticos. Por un lado, la sangre completa o sus componentes, ya sean los concentrados de hematíes, plaquetas, el plasma fresco congelado, los crioprecipitados  y los concentrados de leucocitos. Por otro lado, existe una gama de productos formados por las proteínas derivadas del plasma como la albúmina, el factor VII, el factor IX y los preparados de inmunoglobinas. Estos dos grupos de productos sanguíneos pueden transmitir enfermedades a los receptores de las transfusiones.

Las enfermedades transmisibles por transfusiones, tienen dos características fundamentales en común: un largo periodo de incubación y un estado de portador asintomático como es el caso del VIH/SIDA. A este respecto y después del descubrimiento del SIDA por medio de las transfusiones, se preparó una serie de criterios para definir a las personas que no deben donar sangre y son consideradas de alto riesgo (véase Tabla 1).

Actualmente, el índice de contagio por transfusiones sanguíneas y hemoderivados se ha reducido gracias a la elección de los donantes, la detección sistemática individual de los mismos y el análisis de cada una de las unidades donadas con las pruebas de ELISA y la Western Blot. Asimismo, el uso de los derivados del plasma, tales como el factor VIII, el factor IX, los distintos preparados de inmunoglobina y las fracciones de albúmina, son analizados para detectar el virus. Así también, al hacer algún tipo de mezcla, el proceso en sí conlleva en unos casos la pasteurización o el proceso Cohn-Oncley empleado para crear inmunoglobulinas, el cual ha demostrado gran eficiencia en la eliminación del VIH. En el caso de la prevención existen procedimientos como la transfusión antóloga y las donaciones dirigidas (Fan et al., 2000; HIV/AIDS Information Center, 1999a).

Tabla 1
Criterios de 1987 para definir a las personas que no deben donar sangre y que actualmente siguen vigentes, a pesar de haber sido propuestos hace 16 años

VIH

1. Cualquier varón que haya tenido contacto sexual con otro varón a partir de 1977
2. Cualquier mujer que haya tenido contacto sexual con un varón que a su vez lo haya tenido con otro a partir de 1977.
3. Varones y mujeres drogadictos por vía intravenosa, antiguos y actuales
4. Varones y mujeres que han sido compañeros sexuales de varones o mujeres drogadictos por vía intravenosa.
5. Hemofílicos
6. Compañeros sexuales de hemofílicos.
7. Residentes en Haití, Zaire, Rwanda, Burundi, Kenia, Uganda y Tanzania que hayan llegado a loas Estados Unidos a partir de 1977.
8. Varones y Mujeres que han sido compañeros sexuales de personas que han vivido en cualquiera de los países enumerados, en cualquier momento a partir de 1977.
9. Varones y mujeres que han sido compañeros sexuales de personas con SIDA, AC o infección por VIH, antes o después de que hayan sido diagnosticados.
10. Varones y mujeres que han practicado la prostitución a partir de 1977.
11. Cualquiera que haya tenido contacto sexual con personas prostituidas.
12. Cualquiera que haya tenido contacto sexual con una persona que, a su vez, hayan tenido contactos sexuales con personas prostituidas, drogadictos por vía intravenosa, hemofílicos o varones bisexuales.

VIH
Existe también la transmisión del VIH/SIDA en casos de drogadicción por vía intravenosa. El uso de alcohol y de drogas está ampliamente relacionado con el riesgo de contagio del VIH, en particular el uso de drogas vía intravenosa, en donde se comparten las jeringas sin ninguna precaución para el suministro de la droga. En este tipo de infección han de considerarse dos elementos necesarios para la transmisión del VIH: 1) debe haber sangre contaminada y 2) la inyección debe ser directa al torrente sanguíneo, donde la sangre infectada vía la solución de la droga se mezcla con la sangre sana. Aunque la sobrevivencia del virus fuera del cuerpo es realmente difícil, el VIH logra permanecer activo durante algunos segundos e incluso minutos ya que queda aislado del ambiente por medio de la jeringa (Becker et al., 1998; DeVita et al., 1990; HIV/AIDS Information Center, 1999b).

Otra forma de transmisión recurrente es la que se da por medio de la sangre en trabajadores del sector salud, clasificado como riesgo laboral. En ocasiones de emergencia, en el proceso de análisis médicos o en el trabajo con personas infectadas con VIH, se suelen tener accidentes que ubican al trabajador potencialmente frente al virus, ocasionando en el peor de los casos la transmisión del VIH desde el paciente al personal del sector salud. Aunque en este caso en particular existen medios para evitar la transmisión después del accidente, esto es “La Profiláctica después de Exposición” o PEP por sus siglas en inglés, que funciona por medio de medicamentos anti-VIH en forma de vacuna. Cabe aclarar, que la PEP ha de tomarse durante las primeras 72 horas después de la exposición al virus, la meta del régimen PEP es prevenir que el VIH se establezca en el cuerpo.  En la mayoría de los casos resulta inevitable el contagio y por ello han de tomarse todas las medidas preventivas según sea el caso (Fundación Anti-SIDA de San Francisco, 2002d; Infored SIDA, 1999).

Finalmente, existe la transmisión vía perinatal ya que aunque la madre y el niño están separados por la placenta y esta podría proteger al niño del contagio por medio de células infectadas, no lo hace de los nutrientes. Además, existe el riesgo de que durante el tercer trimestre de embarazo puedan ocurrir pequeñas fisuras en la placenta, las cuales permiten el paso de células infectadas desde el torrente sanguíneo de la madre hasta el niño. Además, durante el parto el niño llega a entrar en contacto con secreciones vaginales o cervicales, o con la sangre; lo cual representa un factor de riesgo para el recién nacido (Becker et al.,1998; DeVita et al., 1992; HIV/AIDS Information Center, 1999a).

Evolución del VIH/SIDA después de la infección.

Infección.
Es el momento de contacto con sangre o fluidos cervicales o vaginales infectados. El VIH entra a la corriente sanguínea e infecta las células T (o células CD4), que son parte del sistema inmunológico. Las personas son consideradas como portadoras del virus inmediatamente después de su infección, asimismo, éstas pueden transmitirles el virus a otras personas, independientemente del tiempo que hayan tenido el virus. Se da durante los primeros 5 días (Fundación Anti-SIDA de San Francisco, 2002c, 2002d).

Infección Aguda/ Seroconversión.

Es el momento comprendido después de que se da la infección total y hasta que el cuerpo comienza a producir los anticuerpos contra el virus (seroconversión) comenzando a tener síntomas parecidos a los de la gripa fuerte, estos síntomas, duran algunos días y pueden incluir fiebre, dolor de cuerpo y escalofríos, sudoración nocturna y salpullidos o erupciones de la piel. Es el periodo comprendido después de la infección y durante las próximas 8 a 12 semanas.
La mayor parte de las personas infectadas se ven saludables por muchos años aunque tengan el virus en sus cuerpos. La única forma de averiguar si una persona tiene el VIH es tomar una prueba de anticuerpos.

Deterioro del Sistema Inmunológico/Asintomática.

Etapa después de la seroconversión hasta que aparecen los primeros síntomas y signos de la inmunodeficiencia, su tiempo promedio en México es de 7 a 10 años.

En la mayoría de los casos en que no hay una intervención con un tratamiento, el virus parece dañar lentamente al sistema inmunológico durante años después de la infección (tal vez porque el cuerpo es capaz de combatirlo durante este tiempo). Más adelante, suele ocurrir un rápido deterioro del sistema inmunológico y el virus se reproduce más activamente.

Este daño puede ser observado a través de análisis de sangre, tal como la disminución del conteo de células T, incluso antes de que se experimenten síntomas. Es conveniente realizarse exámenes como el conteo de las células T y así observar la variación y avance del VIH con relación al tiempo. Además, es recomendable comenzar a tomar un tratamiento preventivo aún antes de desarrollar síntomas. Este concepto se conoce como “cuidado temprano” y “profilaxis”. Hasta este periodo se considera Seropositivo al individuo que no ha presentado sintomatología alguna pero que posee el VIH.
Síntomas Leves y no Específicos o Linfadenopatía Generalizada Persistente.

Durante esta etapa se presenta inflamación de los ganglios linfáticos, como un signo evidente de que se encuentran trabajando para contrarrestar la infección por el VIH; es posible que aquí se presenten las primeras manifestaciones como fiebres ocasionales, diarreas de corta duración, sudoraciones nocturnas, pérdida de peso, fatiga, etc. Usualmente, los síntomas aparecen cuando el virus ha causado daño considerable al sistema inmunológico. La mayor parte de las personas con VIH presentan síntomas leves antes de desarrollar enfermedades más serias.

SIDA

El termino SIDA se utiliza para aquellas personas que presentan al menos uno de los procesos clínicos definidos que ponen en peligro la vida y que están vinculados con la inmunodepresión provocada por el VIH.

Esta es la última etapa de la infección por el VIH, se relaciona con la presencia de síntomas más graves y enfermedades sistémicas como el síndrome de desgaste y una serie de infecciones oportunistas, es decir, aquellas producidas por agentes que no producen enfermedades en personas con un sistema inmunológico normal, pero aprovechan la “oportunidad” de manifestarse en las personas afectadas por el VIH.

Aunque muchas personas han vivido varios años después de su diagnóstico, es importante que la gente que está infectada con el VIH, reciba cuidado médico adecuado para tratar cualquier síntoma o enfermedad que desarrolle. Asimismo, se recomienda que durante la evolución de la enfermedad, se realice cada cierto tiempo, un conteo de los anticuerpos que el cuerpo produce para combatir al VIH (por medio de la prueba ELISA), un examen de laboratorio para conocer la cantidad de células CD4 que existen por milímetro cúbico y un conteo de la cantidad de partículas virales que hay en la sangre (Fundación Anti-SIDA de San Francisco, 2002e).