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¿Qué es el VIH/SIDA? - Conductas de Alto Riesgo en la Transmisión del VIH/SIDA
Indice del artículo
¿Qué es el VIH/SIDA?
1. ¿Qué es el VIH/SIDA?
2. Origen del VIH/SIDA
3. Etiología del VIH/SIDA
4. Transmisión del VIH/SIDA
5. Conductas de Alto Riesgo en la Transmisión del VIH/SIDA
6. Evolución del VIH/SIDA después de la infección.
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5. Conductas de Alto Riesgo en la Transmisión del VIH/SIDA

Los patrones de conducta, los estilos de vida y los hábitos adquiridos en la niñez pueden constituir en sí mismos factores de riesgo para la salud.  En la prevención del VIH/SIDA un número considerable de investigaciones se han dedicado a identificar determinados hábitos sexuales que aumentan el riesgo de infección por el VIH, los cuales se pueden clasificar como conductas de Alto Riesgo y éstas son de tres tipos, 1) las relacionadas con comportamientos sexuales, 2) las relacionadas con el manejo de sangre y hemoderivados y, 3) las relacionadas con los casos de drogadicción por vía intravenosa. Estas conductas tienen como característica en común, que en su ejecución existe un intercambio directo de fluidos ya sea semen, sangre o fluidos cervico-vaginales, los cuales en caso de estar infectados, son transportadores del VIH. Cabe aclarar que no son las únicas formas de contagio del virus, pero sí las formas más frecuentes.

Primeramente, entre las Conductas Sexuales de Alto Riesgo figuran las prácticas sexuales anales, prácticas manurectales, los enemas y duchas rectales, la utilización de artilugios sexuales anales y el anulingus; este tipo de conductas puede originar traumatismos que van de irritaciones y abrasiones rectales a ulceraciones, fisuras laceraciones y perforaciones intestinales; en el caso del anulingus el riesgo se corre al entrar en contacto con las heces infectadas, con o sin sangre. En el coito genital, existen conductas de alto riesgo como el contacto con las secreciones vaginales y cervicales, la sangre menstrual, el semen y la orina, la utilización de artilugios sexuales vaginales y la estimulación manuvaginal. Por último, las prácticas oro genitales, tales como el Fellatio y el Cunnilingus; en el primero, el riesgo de contagio se da a partir de la ingestión del semen y su contacto con la mucosa bucal alterada y en el segundo caso, la transmisión se da durante el contacto con las secreciones y las sangre menstrual (DeVita et al., 1990).

Por otro lado, hay conductas de alto riesgo relacionadas con el manejo de la sangre y sus hemoderivados. A este respecto, cabe mencionar que existen dos tipos de productos sanguíneos preparados con fines terapéuticos. Por un lado, la sangre completa o sus componentes, ya sean los concentrados de hematíes, plaquetas, el plasma fresco congelado, los crioprecipitados  y los concentrados de leucocitos. Por otro lado, existe una gama de productos formados por las proteínas derivadas del plasma como la albúmina, el factor VII, el factor IX y los preparados de inmunoglobinas. Estos dos grupos de productos sanguíneos pueden transmitir enfermedades a los receptores de las transfusiones.

Las enfermedades transmisibles por transfusiones, tienen dos características fundamentales en común: un largo periodo de incubación y un estado de portador asintomático como es el caso del VIH/SIDA. A este respecto y después del descubrimiento del SIDA por medio de las transfusiones, se preparó una serie de criterios para definir a las personas que no deben donar sangre y son consideradas de alto riesgo (véase Tabla 1).

Actualmente, el índice de contagio por transfusiones sanguíneas y hemoderivados se ha reducido gracias a la elección de los donantes, la detección sistemática individual de los mismos y el análisis de cada una de las unidades donadas con las pruebas de ELISA y la Western Blot. Asimismo, el uso de los derivados del plasma, tales como el factor VIII, el factor IX, los distintos preparados de inmunoglobina y las fracciones de albúmina, son analizados para detectar el virus. Así también, al hacer algún tipo de mezcla, el proceso en sí conlleva en unos casos la pasteurización o el proceso Cohn-Oncley empleado para crear inmunoglobulinas, el cual ha demostrado gran eficiencia en la eliminación del VIH. En el caso de la prevención existen procedimientos como la transfusión antóloga y las donaciones dirigidas (Fan et al., 2000; HIV/AIDS Information Center, 1999a).

Tabla 1
Criterios de 1987 para definir a las personas que no deben donar sangre y que actualmente siguen vigentes, a pesar de haber sido propuestos hace 16 años

VIH

1. Cualquier varón que haya tenido contacto sexual con otro varón a partir de 1977
2. Cualquier mujer que haya tenido contacto sexual con un varón que a su vez lo haya tenido con otro a partir de 1977.
3. Varones y mujeres drogadictos por vía intravenosa, antiguos y actuales
4. Varones y mujeres que han sido compañeros sexuales de varones o mujeres drogadictos por vía intravenosa.
5. Hemofílicos
6. Compañeros sexuales de hemofílicos.
7. Residentes en Haití, Zaire, Rwanda, Burundi, Kenia, Uganda y Tanzania que hayan llegado a loas Estados Unidos a partir de 1977.
8. Varones y Mujeres que han sido compañeros sexuales de personas que han vivido en cualquiera de los países enumerados, en cualquier momento a partir de 1977.
9. Varones y mujeres que han sido compañeros sexuales de personas con SIDA, AC o infección por VIH, antes o después de que hayan sido diagnosticados.
10. Varones y mujeres que han practicado la prostitución a partir de 1977.
11. Cualquiera que haya tenido contacto sexual con personas prostituidas.
12. Cualquiera que haya tenido contacto sexual con una persona que, a su vez, hayan tenido contactos sexuales con personas prostituidas, drogadictos por vía intravenosa, hemofílicos o varones bisexuales.

VIH
Existe también la transmisión del VIH/SIDA en casos de drogadicción por vía intravenosa. El uso de alcohol y de drogas está ampliamente relacionado con el riesgo de contagio del VIH, en particular el uso de drogas vía intravenosa, en donde se comparten las jeringas sin ninguna precaución para el suministro de la droga. En este tipo de infección han de considerarse dos elementos necesarios para la transmisión del VIH: 1) debe haber sangre contaminada y 2) la inyección debe ser directa al torrente sanguíneo, donde la sangre infectada vía la solución de la droga se mezcla con la sangre sana. Aunque la sobrevivencia del virus fuera del cuerpo es realmente difícil, el VIH logra permanecer activo durante algunos segundos e incluso minutos ya que queda aislado del ambiente por medio de la jeringa (Becker et al., 1998; DeVita et al., 1990; HIV/AIDS Information Center, 1999b).

Otra forma de transmisión recurrente es la que se da por medio de la sangre en trabajadores del sector salud, clasificado como riesgo laboral. En ocasiones de emergencia, en el proceso de análisis médicos o en el trabajo con personas infectadas con VIH, se suelen tener accidentes que ubican al trabajador potencialmente frente al virus, ocasionando en el peor de los casos la transmisión del VIH desde el paciente al personal del sector salud. Aunque en este caso en particular existen medios para evitar la transmisión después del accidente, esto es “La Profiláctica después de Exposición” o PEP por sus siglas en inglés, que funciona por medio de medicamentos anti-VIH en forma de vacuna. Cabe aclarar, que la PEP ha de tomarse durante las primeras 72 horas después de la exposición al virus, la meta del régimen PEP es prevenir que el VIH se establezca en el cuerpo.  En la mayoría de los casos resulta inevitable el contagio y por ello han de tomarse todas las medidas preventivas según sea el caso (Fundación Anti-SIDA de San Francisco, 2002d; Infored SIDA, 1999).

Finalmente, existe la transmisión vía perinatal ya que aunque la madre y el niño están separados por la placenta y esta podría proteger al niño del contagio por medio de células infectadas, no lo hace de los nutrientes. Además, existe el riesgo de que durante el tercer trimestre de embarazo puedan ocurrir pequeñas fisuras en la placenta, las cuales permiten el paso de células infectadas desde el torrente sanguíneo de la madre hasta el niño. Además, durante el parto el niño llega a entrar en contacto con secreciones vaginales o cervicales, o con la sangre; lo cual representa un factor de riesgo para el recién nacido (Becker et al.,1998; DeVita et al., 1992; HIV/AIDS Information Center, 1999a).



 

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